“Mi experiencia me lleva un pasito más adelante”: Felipe Aguilar celebra en Las Brisas de Chicureo
A sus 47 años, el valdiviano suma una corona más en el golf chileno. Ahora su meta es retornar al circuito europeo.
Imperceptible, y quizás inadvertido. Felipe Aguilar emergió de las profundidades, y cuando sus contrincantes se percataron, ya era demasiado tarde: les ganó el Abierto de Las Brisas de Chicureo 2022 con el libro de texto en la mano, ofreciendo una cátedra de golf en un caluroso domingo en Colina.
“Es un torneo de tres días… Uno al principio comete el error de presionarse más de lo que debe, pensando que son pocos días, pero todos los jugadores profesionales estamos capacitados para tener dos rondas buenas, y eso es lo que me pasó a mí”, relató el chileno en su pose más natural, con un trofeo entre las manos.
A lo mejor sin planearlo, Felipe logró despistarlos a todos con una modesta primera ronda de 72 golpes. Pares que te dicen poco al principio, pero aún así te mantienen en posición de ataque. Entonces todos los reflectores se enfocaron en Agustín Errázuriz, que mantuvo el liderato por 36 hoyos.
El sábado se lograron ver los primeros números rojos de Felipe, con 68 golpes (-4). Un ligero apretón al acelerador le valió meterse en el grupo final, a cuatro tiros del joven líder de la competencia.
Mucha agua ha pasado debajo del puente. A sus 47 años, Aguilar ostenta más títulos que años. Preguntado sobre sus campeonatos, dice: “Pueden ser más de cincuenta, eso te lo aseguro". De ahí que su arena natural sea el grupo final, se nutre de esa presión.
¿Paseo al parque con los chicos? La ronda final del domingo fue un recital de 67 impactos (-5): “Una vuelta bastante pareja, cometí solamente un error, un ‘green’ de tres ‘putts’ que hice al 16, de resto fue una ronda bastante tranquila, acertando muchos ‘fairways’, muchos ‘greenes’, algunos ‘putts’ que no entraron, pero había que tener paciencia”.
Tan importante como saber empezar, es saber cerrar. Pregúntenle a Rory McIlroy, que no le alcanza para ganar el Masters con 64 golpes en la ronda final. Guardando las justas proporciones, a Errázuriz le ocurrió algo parecido, a la inversa, pues los 73 tiros del domingo le jugaron en contra, y Toto Gana se apuntó 79. Aguilar desactivó la bomba del grupo final con un sólido triunfo cimentado en -9 para el campeonato.
“Venía tres abajo partiendo al hoyo 9, y Agustín Errázuriz creo que venía par de campo, osea que le llevaba un palo de ventaja. Él hizo un muy buen águila al 9, y yo hice ‘birdie’, y la ventaja se llevó a dos, que en una cancha como esta no es mucha la diferencia”, contó el experimentado jugador, que después lo dio vuelta y terminó ganando por dos de margen.
A diferencia de otros deportes, en el golf sí que valen los años. Se puede perder distancia, pero las sensaciones perduran hasta la sepultura. “Siempre le mando un mensaje a los profesionales jóvenes, que practiquen un poquito más. La verdad es que me gusta molestarlos un poco, son tremendos jugadores, con tremenda calidad, pero hoy en día mi experiencia es la que me lleva un pasito más adelante”.
Ahora el reto de Felipe es recobrar la tarjeta del DP World Tour, en el que ganó dos veces, cuando aún se le conocía como el European Tour. En noviembre se medirá en la segunda instancia clasificatoria: “Para el tour senior me quedan dos años, esta es la última bala que le voy a tirar al tour grande. Tengo todavía un poco de ganas de competir, entonces quiero estar ahí con los chicos, aunque creo que va a ser un año difícil, si es que llego a clasificar, pero será de muy buena experiencia y competencia para prepararme para el senior tour”.
“Estoy contento, estoy jugando un golf bastante sólido, con muy pocos errores, que es lo que hoy en día estoy buscando”, concluye el interminable Felipe Aguilar.